Archivo de 17/11/08|Página de archivo diario

Justicia no es lo mismo que igualdad

 ¡No es justo! Son las palabras de un niño cuando ve que sus padres le dan algo a su hermano que a él no.

Supongamos que una familia tiene dos hijos, un niño muy tranquilo y obediente, el otro es uno de esos terremotos que todos conocemos, de esos niños que parecieran que un tornado va detrás de ellos y que arruinan todo lo que tienen a su paso. El padre le compra un carro de control remoto al primer niño, sin embargo no puede comprarle el mismo carro al segundo, porque este niño rápido lo arruinaría. A él le compraría otro tipo de juguetes, algo de goma o resistente a los golpes.

Si te das cuenta este padre no sería equitativo, sin embargo no podemos decir que es injusto. Ya que le da a cada uno de sus hijos lo que ellos necesitan en base a sus cualidades y características.

Dios es exactamente igual, no es injusto, sin embargo todos sabemos que nos da o pide cosas diferentes a cada uno. Es por eso mismo que nuestra relación con él es personal, individual, porque el nos trata de una forma individual. Nos da una visión individual, un propósito individual, dones individuales, llamados individuales y por eso mismo también nos corrige de forma individual.

En el libro de Juan se nos relata que luego de la resurrección, Jesús se le aparece a sus discípulos y platica con Pedro, él le pregunta que qué será de Juan en los próximos días. La respuesta de Jesús es clara y contundente:

“Si yo quiero que él permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú sígueme no más.”

Juan 21:25

La respuesta de Jesús fue clara. Debemos preocuparnos por seguir al maestro, por tener una comunión con Él cada día, sin importar lo que le pida o deje de pedir a los demás, sin comparar nuestra vida con la de los demás. Vive tu vida al máximo con Dios y deja a los demás que vivan la suya.