Archivo de Octubre 2008|Página de archivo por mes
Consejos de Vida
Este poema-discurso fue escrito por Mary Theresa Schmich en las columnas de Chicago Tribune en 1997. Espero les guste.
Donde está tu tesoro… está tu corazón
Todos tenemos nuestros temas de conversación. Hay temas que nos llaman la atención y otros que simplemente no. Esto se debe a aquello que tú valoras, a lo que consideras importante y relevante. Por lo
mismo es importante que evalúes de que se tratan tus pláticas. Qué es lo que dejas en la vida de los demás, porque es posible que estés depositando tesoros valiosos y preciosos en sus mentes y corazones o puedes dejar toda la basura que has ido acumulando en tu corazón. Jesús lo dijo de la siguiente manera:
“Pues donde tengan ustedes su tesoro, allí estará también su corazón.”
Lucas 12:34 (NVI)
“El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón produce el bien; pero el que es malo, de su maldad produce el mal, porque de lo que abunda en el corazón habla la boca.”
Lucas 6:45 (NVI)
Imagínate cuantas personas tienen en su corazón amargura, rencor, malos pensamientos, envidia, actitud de defensiva, complejos de inferioridad, etc. y eso es lo que terminan sacando por medio de lo que hablan, tú o yo mismo en este momento, podemos estar en una situación similar. Sin embargo no es lo que Dios espera para nosotros, el espera que nuestra forma de pensar vaya en progreso cada día y vaya renovándose cada día. El apóstol Pablo lo describio de esta manera:
“No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente.”
Romanos 12:2 (NVI)
Ahora bien, como lograrlo, como lograr transformar nuestra mente, simplemente debemos cambiar nuestra forma de pensar, estar conscientes en todo momento de qué es lo que pensamos, a qué le estamos dando valor en nuestras vidas, ¿A cosas positivas o cosas negativas?
“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.”
Romanos 4:8 (RV 1960)
Si no eres parte de la solución… no seas parte del problema
Nuestra cultura latina es muy crítica. Tendemos por costumbre a considerarnos jueces y expertos en todos los temas. Reconocemos fácilmente los errores y defectos de las personas a nuestro alrededor, pero son muy contadas las personas que reconocen lo bueno de los demás.
Jesús dijo una vez: “Con la misma vara con que mides, serás medido”, esto lo podemos ver en todo momento y a nuestro alrededor, porque como humanos tendemos a cometer las mismas faltas y errores que les juzgamos a los demás y muchas veces de peor manera.
Sin embargo, cuando alguien se equivoca, sea cercano o lejano, rápidamente pensamos en lo que tendría que haber hecho o el mejor castigo que podría tener por lo que hizo, es rara la vez en que pensamos en cómo ayudarle al fulano a sacar la pata de donde la metió.
Los fariseos hicieron lo mismo con la mujer que encontraron en adulterio. Era muy fácil juzgar y agrandar su error de tal manera que fuera digna de la peor muerte, lapidación. Sin embargo Jesús, quien tenía toda autoridad para juzgarla porque no había falla en él, decidió formar parte de la solución, esa solución era su perdón.
Es muchas veces por eso que no aceptamos el perdón de Dios y creemos que no somos dignos siquiera de emitir una disculpa, porque creemos que el es como el ser humano, que rápido juzga y cuesta que perdone. Sin embargo la palabra dice que “Dios es lento para la ira y rápido para la misericordia”.
Jesús en el Padre Nuestro nos dejó un gran desafío y un gran compromiso a la vez: “Perdónanos como perdonamos a los que nos ofenden”. Sí, Dios espera que perdonemos al que nos ofende, es decir, que en lugar de crítica debemos emitir PERDÓN. Ahora bien cuando no nos han afectado a nosotros, con mayor razón debemos tener una actitud de ayuda y no de crítica o de achaque.
Si no tienes nada bueno que decir, que pueda ayudar a la persona que se ha equivocado, tampoco digas o hagas nada que la hunda más en su problema o en su sentimiento de culpa.
Ven, ayuda a cambiar el mundo!!!
Ese es el título de un libro escrito por Bill Bright en la década de los ‘80. Bill Bright era un comerciante con una empresa fructífera y prometedora dedicada a la fabricación y venta de dulces; decidió vender dicha fábrica cuando tuvo un llamado fuerte de Dios a cambiar el mundo, sí, a cambiar el mundo.
Bill Bright tuvo una visión, la visión de llegar a aquellos que eran ignorados por todos los movimientos religiosos existentes, aún por el cuerpo de Cristo: Los jóvenes universitarios.
Fue un hombre capaz de dejar todos sus sueños, su comodidad y su estilo actual de vida, con tal de servirle a Dios. Dios recompensó tal sacrificio permitiéndole tener uno de los movimientos más grandes y exitosos a nivel mundial: Campus Crusade for Christ. Dicho movimiento tiene presencia en más de 190 países, con más de 60 ministerios diferentes, siendo su columna vertebral, el trabajo con estudiantes universitarios y la película “Jesús”. Escribió uno de los materiales más eficaces para la evangelización, llamado “Cuatro Leyes Espirituales”.
Realmente este hombre es de admirar, porque al entregarle todo a Dios, permitió que Él lo usara de formas inimaginables en aquel entonces. Su visión se ha dispersado en muchas iglesias actuales, las cuales utilizan la misma estrategia de evangelización y multiplicación espiritual que el usó: Exponer, Ganar, Discipular, Capacitar y Enviar.
Te imaginas si cada uno de nosotros nos entregaramos de la misma manera a la visión que Dios nos ha dado. Es claro que Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros, pero es importante reconocer cual es su propósito y tener las agallas de dejarlo todo por ese propósito, convertir ese propósito en nuestra visión.
Estoy seguro que no hay nada más emocionante en la vida que cumplir nuestro propósito en Dios, estoy seguro que cuando cumplimos ese propósito ayudamos a cambiar el mundo.
Cuando tú y Dios hacen silencio
Cuando tú haces silencio
es porque no tienes tiempo de hablar con Él.
Cuando Él hace silencio
es porque está atento a cada paso de tu vida.
Cuando tú hace silencio
es porque estás cansado del día.
Cuando Él hace silencio
es porque está pendiente de tu sueño.
Cuando tú haces silencio
es porque la carga del pecado te acusa.
Cuando Él hace silencio
es porque quiere darte tu espacio.
Cuando tú haces silencio
es porque te sientes avergonzado delante de Él.
Cuando Él hace silencio
es porque está esperándote con sus brazos abiertos.
Cuando tú haces silencio
es porque tus obras han sido malas.
Cuando Él hace silencio
es porque sus obras ya te han hablado de su inmenso amor.
Cuando tú haces silencio
es porque simplemente no tienes ganas de hablarle.
Cuando Él hace silencio
es porque Él ya te está hablando a ti.
No eres reemplazable.
Sabías que eres único, tienes un conjunto de características que nadie más tiene. Tu forma de ser es inigualable, nadie más es exactamente igual que tú. Tu físico es inconfundible, nadie más es exactamente igual que tú.
Sin embargo, muchas veces tratas de hacerte de menos, de pensar en tus defectos y en tus errores, por eso no le crees a Dios lo que el quiere hacer contigo y a través de tí.
El plán de Dios para tu vida también es único, irrepetible. Si Dios te pide que hagas algo para él y tú no lo haces, nadie más lo podrá hacer por tí. Nos han vendido la idea por mucho tiempo de que para Dios somos importantes pero no impresindibles, sin embargo no creo que Él se haya tomado la molestia de venir a morir por alguien que podría sustituir por otra persona, por eso considero que esta idea es erronea.
Solo basta con visualizar (mentalmente, claro) la historia de Jonás. Dios le pide que haga algo que Jonás no quiere hacer, por lo que este huye hacia el lado contrario del plan de Dios para su vida. Dios pudo haber dicho: “éste se lo pierde, voy a escoger a alguien más”, sin embargo Dios acorraló a Jonás para que cumpliera su propósito. ¿Por qué? ¿Por qué Dios insistió con un hombre que le había demostrado no interesarle lo que Dios pensaba hacer con él? Pues la respuesta es sencilla, ese era el plan de Dios para la vida de Jonás, no era para nadie más. Lo único que Jonás hizo fue atrazar su propósito y con ello afectó su comunión con Dios.
Piensa por un momento, todo lo que Dios quiere que hagas y tu simplemente no quieres hacerlo:
- ¿Cuántas personas están sin escuchar de Dios?
- ¿Cuántos canciones no se han llegado a cantar?
- ¿Cuántos libros no se han terminado de escribir (ni siquiera empezado)?
- ¿Cuántas familias siguen ahogadas en problemas y aflicción?
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